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La emisora de Puerto Claro cerraba cada noche a las diez. Nora, una estudiante de periodismo, pensaba que esa hora dejaba fuera a mucha gente. Durante las vacaciones ayudaba en el restaurante de sus padres y, al volver a casa, veía luces en el hospital, la panadería y el puerto.
Propuso un programa de medianoche. El director aceptó probarlo durante cuatro viernes, aunque le advirtió que quizá nadie llamaría. Nora preparó canciones y una larga lista de preguntas. Como no tenía técnico, aprendió a controlar el micrófono y las llamadas desde una mesa pequeña.
El primer viernes empezó explicando que quería escuchar a quienes seguían despiertos. Pasaron veinte minutos sin llamadas. Nora creyó que había cometido un error, pero entonces sonó el teléfono. Julián, el panadero, contó que trabajaba de noche para tener el pan listo al amanecer. Dijo que normalmente escuchaba música solo y que le gustaba oír una voz del pueblo.
Después llamó una enfermera. Comentó que no todas las noches eran difíciles, pero que el silencio del hospital resultaba extraño. Un taxista explicó que las calles cambiaban según la hora. También llamó una mujer mayor: dijo que no podía dormir y que aquellas conversaciones le hacían compañía.
Nora terminó cansada. Había cortado una canción antes de tiempo y había confundido el nombre del taxista. Sin embargo, encontró varios mensajes que preguntaban cuándo volvería el programa. Comprendió que los oyentes se sentían escuchados a pesar de sus errores técnicos.
Los siguientes viernes preparó menos preguntas y dejó más espacio para las respuestas. Cuando terminaban las vacaciones, el director le informó de que dos vecinos querían continuar. Julián ofreció presentar un programa al mes y la enfermera propuso entrevistas con otros trabajadores.
Ahora Nora participa desde la universidad cuando puede. Al principio le preocupaban los posibles cambios del programa, pero los nuevos presentadores han añadido ideas que ella nunca había imaginado. La emisora sigue abierta a medianoche. Ya no es solamente el proyecto de una estudiante: es un lugar donde el pueblo puede escuchar una parte de su vida que antes permanecía fuera de la radio.