A young presenter hosting a community radio show at night
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La radio de medianoche

The midnight radio

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497 words

A community-radio story that practices reported speech and contrasts between past routines and completed events.

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Durante varios años, la pequeña emisora de Puerto Claro cerraba a las diez de la noche. Sus programas hablaban de noticias locales, deportes y música, pero nadie quería trabajar cuando casi todo el pueblo dormía. Eso cambió cuando Nora, una estudiante de periodismo, propuso crear un espacio llamado La radio de medianoche. Nora había vuelto al pueblo durante las vacaciones. Por las noches ayudaba en el restaurante de sus padres y regresaba a casa después de las once. Mientras caminaba, veía luces encendidas en el hospital, la panadería y el puerto. Se preguntaba quiénes estaban despiertos y cómo pasaban esas horas silenciosas. Según ella, el pueblo tenía una vida nocturna que la radio nunca mostraba. El director de la emisora aceptó probar el programa durante cuatro viernes. Le prestó un estudio pequeño y le advirtió que probablemente nadie llamaría. Nora no podía pagar a un técnico, así que aprendió a controlar la música, el micrófono y las llamadas al mismo tiempo. El primer viernes llevó una lista de canciones y preparó muchas preguntas por si faltaban invitados. Al comenzar, su voz sonaba insegura. Nora explicó que quería escuchar a quienes trabajaban o no podían dormir. Durante veinte minutos no ocurrió nada. Luego llamó Julián, el panadero. Contó que empezaba a trabajar a las nueve de la noche para que el pan estuviera listo al amanecer. Dijo que la radio le hacía compañía y pidió una canción para su hija. Después llamó una enfermera del hospital. Comentó que en el turno nocturno había momentos tranquilos, pero también situaciones inesperadas. Un taxista explicó que conocía una versión distinta de cada calle: la calle ruidosa del sábado no era la misma calle vacía del lunes. Incluso una mujer mayor llamó para decir que sufría insomnio y que escuchar conversaciones normales le ayudaba a no sentirse sola. El programa terminó a la una. Nora había cometido varios errores: cortó una canción demasiado pronto, olvidó abrir un micrófono y confundió el nombre del taxista. Sin embargo, al salir del estudio encontró tres mensajes nuevos. Todos preguntaban si habría otro programa la semana siguiente. Durante los siguientes viernes, Nora dejó de preparar tantas preguntas. Aprendió que una pausa no siempre era un problema y que los invitados necesitaban tiempo para pensar. También pidió a los oyentes que enviaran sonidos de su trabajo. Llegaron grabaciones de una máquina de coser, de las olas contra el muelle y de las bandejas de una cocina. Cuando terminaron las vacaciones, Nora tuvo que volver a la universidad. Creyó que el programa desaparecería, pero el director le contó que dos vecinos querían continuarlo. Julián propuso presentar una vez al mes y la enfermera ofreció entrevistar a otros trabajadores nocturnos. Ahora Nora participa desde la ciudad cuando puede. La radio de medianoche ya no depende de ella, y eso le gusta. Su idea no consistía en hablar para un pueblo dormido, sino en descubrir que muchas personas seguían despiertas. Solo necesitaban una señal para saber que no estaban solas.